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El Efecto -EM-

Efecto Electromagnético

LAS EVIDENCIAS FÍSICAS: EL "EFECTO EM"

Fuente: Lo desconocido (Director: Dr. Fernando Jimenez del Oso)

Una de las escenas clásicas de encuentro cercano con OVNIS - aquellos episodios que tienen lugar mientras el ocasional testigo conduce su vehículo a través de una ruta generalmente desolada- es el que comúnmente concentra mayor cantidad de detalles de aquello que se ha dado en llamar "efecto EM" o "efecto electromagnético". Los informes son invariables: el conductor detecta la proximidad de una fuerte luminosidad que luego pasa a transformarse en un típico ovni, de pronto, el automóvil se detiene, privado de su fuerza motriz, y se apagan sus luces casi siempre paulatinamente. En estos casos también es bastante común la interrupción de transmisiones radiales o la aparición de ruidos estáticos de intensidad inusual. En un estudio realizado en 1981 por el director científico del Hynek Center for Ufo Studies, el doctor Mark Rodeghier, fueron recopilados 441 episodios donde los protagonistas de encuentros cercanos atribuyeron interferencias eléctricas momentáneas o alteraciones electromagnéticas a la cercanía de ovnis.

Sin embargo, la correlación efectiva entre ambas circunstancias no ha podido comprobarse en la totalidad de los casos. El grupo de la Universidad de Colorado, dirigido por el doctor Edward Condon, también realizó un completo estudio orientado a determinar experimentalmente el efecto de campos magnéticos de alta intensidad en la instalación eléctrica de los automóviles. La investigación concluyó que "en vista de la protección antimagnética de la chapa de acero del automóvil, la intensidad del campo magnético en el entorno de éste debería ser extremadamente superior a los 20.000 gauss para reproducir resultados similares a los denunciados por los testigos". Un campo magnético de tal intensidad debería alterar de un modo permanente los valores magnéticos normales del coche, siendo que este fenómeno no ha podido constatarse en casos concretos, donde estos valores no se apartaban de los convencionales.   

El licenciado Guillermo Roncoroni (investigador argentino) propuso en 1980 investigar la posibilidad de que los ovnis emiten radiaciones "EM" de alta frecuencia (comúnmente denominadas microondas), que sería una vía alternativa para explicar por qué la carrocería de los autos involucradas en estas experiencias no resultan afectadas. Ballester Olmos, en cambio, sugiere que las fallas en el sistema eléctrico en los motores a explosión y la descarga de las batería parecen corresponderse con un origen real basado en la presencia cercana de una muy fuerte ionización".

El autor francés Bertrand Méheust, por su parte, prefiere entrar en la variante folclórica: lo que hoy se conoce como efecto EM" sería algo similar a lo que se denominaba "lucerna extinta", cuando los gnomos entraban en las casas y, súbitamente, se apagaban todas las velas.

 

El efecto electromagnético 

La proximidad de los OVNIs, se produzca el avistamiento o no, suele provocar una serie de efectos sobre los testigos y sobre el entorno. Quemaduras, ceguera transitoria, trastornos psíquicos, paralización y, a veces -aunque en raras ocasiones-, la muerte, informan de los peligros que puede entrañar el hecho de encontrarse algún día frente a esas supuestas naves extraterrestres. Los relatos de los protagonistas de estos sucesos son significativos a este respecto. Y, por otro lado, destrozos en campos de cultivo, redes de suministro eléctricos, comunicaciones, motores e instrumentos eléctricos de todo tipo, además de mutilaciones mortales-, son una siniestra tarjeta de visita, o mejor aún un certificado e que, entre todos los efectos debidos al fenómeno ovni, son los electromagnéticos los más peligrosos.

Asusta detenerse a pensar con qué facilidad pueden los objetos coladores no identificados afectar a nuestra vida. Su presencia provoca, como sabemos, múltiples consecuencias, que van desde perturbaciones en el entorno físico (tales como quemaduras en cultivos y destrucción de bosques) y energético (interrupción de las redes de suministro de electricidad, detención de motores) hasta interferencias o anulación de instrumentos electromagnéticos y de comunicación. Esto sin contar las secuelas psicológicas, que son también abundantes y diversas.

Es decir: los seres humanos estamos a merced de las intenciones que en cada momento los tripulantes de esas misteriosas naves ostenten.

Pueden, si así lo desean, dejar sin luz nuestras ciudades, paralizar nuestras fábricas, interrumpir el transporte, anular las comunicaciones... Son tantos los efectos que pueden producir, que su sola enumeración sobrecoge. Un ejemplo son los efectos que sufren los aviones y que constituyen una doble casuística de sorpresa y terror para sus testigos y protagonistas, pilotos y pasajeros, tanto de aviones militares como en los transportes civiles. Y no es para menos. Que, por la presencia de un extraño objeto volador, el conductor de un automóvil vea detenido su vehículo en una ruta solitaria, es un suceso digno de causar miedo. Pero el mismo fenómeno vivido desde el interior de un avión en pleno vuelo debe alcanzar ya la característica de pavor. Comprobar, y admitir como inevitable, que los instrumentos de navegación dejan de funcionar, que los motores -aunque se trate de potentes reactores- se detienen, que la luz se debilita hasta apagarse del todo y que el avión comienza a comportarse como guiado por voluntades ajenas, debe vivirse con la conciencia de que se está asistiendo al inicio de una aventura cuyo final no puede ser otro que estrellarse. No siempre es así, más no otra cosa se puede pensar en el interior de un avión que baila siniestramente sin control a muchos miles de metros de altura. Algunos pilotos y pasajeros han vivido esa experiencia para poder contarlo después.

 

Una Piper sin control

Carlos Antonio de los Santos, un piloto comercial mexicano, protagonista de un encuentro con un ovni que ya es antológico en la historia de la ufología. Los hechos acaecieron cerca de la ciudad de México, el día 3 de mayo de 1975, mientras nuestro personaje piloteaba una avioneta "Piper-Azteca", en un viaje rutinario de los muchos que efectuaba la compañía "Pelletier, S.A.", dedicada al estudio y análisis de aguas. Volaba la avioneta a unos 4.000 metros de altura y las condiciones atmosféricas seguían empeorando. Nada alarmante; pero Carlos Antonio pensó que volaría con mayor seguridad y comodidad a 5.000 metros, por lo que hizo elevarse el aparato. Prosiguió el viaje a esa altura, hasta llegar a la vertical de Tequesquitengo, donde descendió para visualizar una laguna existente allí, lo que no logró debido a la escasa visibilidad. Decidió entonces remontarse de nuevo hasta los 5.000 metros y continuar sin más dilataciones hasta el final del trayecto programado. Pero en ese mismo instante, mientras ascendía, "tuvo la sensación" de que "algo" había hecho su aparición junto a la avioneta. No era una sensación: al mirar hacia su derecha observó un objeto "como jamás había visto otro". Parecía estar formado por dos platos unidos por su parte cóncava. El piloto se asustó y giró hacia la izquierda, pero el objeto, a una distancia tan corta del extremo del ala que casi la tocaba, siguió en el mismo lugar. Con sorpresa y miedo, Carlos Antonio lo observó: aquél "artefacto" tenía una especie de cúpula con lo que semejaba ser una ventanilla; y sobre aquella se veía claramente el extremo de una antena.

Sin darse cuenta de cómo había llegado, el piloto se percató de que otro objeto idéntico al anterior se había situado junto al extremo del ala izquierda de la avioneta. Y no repuesto aún de esta segunda sorpresa, se sobresaltó al ver acercarse por delante a gran velocidad a un tercer objeto que parecía iba a estrellarse contra el morro de la "Piper".

El tercer ovni, cuando ya el choque era prácticamente inminente, descendió, deslizándose por debajo de la avioneta, al tiempo que el piloto notó un ruido extraño, como si ésta hubiera sido golpeada. La "Piper" volaba ya sin control alguno. Los mandos no respondían a los requerimientos de Carlos Antonio, que vivía los acontecimientos con agustia y terror, pero que todavía era capaz de tomar decisiones coherentes. Algo había que intentar, y conectó por radio a la torre de control, la cual recibió de labios del piloto que la "Piper" estaba siendo seguida por tres discos voladores que giraban en torno de la misma, y que la aeronave volaba sin control. Sin que Carlos pudiera influir en la maniobra, la "Piper" siguió ascendiendo, escoltada por los tres ovnis, hasta alcanzar la altura de los 5.500 metros.

Redujo entonces la velocidad a 240 km/h, y así continuó la travesía durante unos minutos. La avioneta parecía ser dirigida a distancia desde alguno de los ovnis. Su vuelo, aunque ciertamente muy elevado para ese tipo de avión y a escasa velocidad, era correcto. Y cerca de Tiapán el ovni que estaba situado a la izquierda súbitamente se elevó y cruzó por encima de la avioneta hacia la derecha; e inmediatamente, el situado a la derecha cruzó hacia el otro lado. Luego, ambos tomaron dirección hacia el volcán Popocatepel, a increíble velocidad. El tercer objeto desapareció también, más Carlos Antonio no vio su maniobra.

Cuando los ovnis se alejaron, el piloto recobró el control de la "Piper". Todo funcionaba correctamente excepto el tren de aterrizaje, que había quedado bloqueado, seguramente -así lo creyó Carlos Antonio- por efecto del impacto recibido por el ovni que apareció de frente y rozó la estructura del avión. Algo más tranquilo ya, comunicó de nuevo con la torre de control de México, explicando a los controladores el incidente y advirtiendo del problema surgido en el tren de aterrizaje.

Finalmente la "Piper" aterrizó sin dificultades y Carlos Antonio fue sometido a diversa pruebas y controles médicos, esperando sin dudas hallar muestras de ebriedad o indicios de consumo de drogas. Todos los resultados dieron negativos, y que Carlos gozaba de buena salud, tanto física como mental.

Las autoridades intentaron explicar el caso aduciendo como prueba que el testigo y protagonista había sufrido algún tipo de desvanecimiento o alucinación. Sin embargo los radares de la torre de control del Aeropuerto Internacional de México -y así lo testificaron sus responsables- detectaron la presencia de los ovnis y su posterior desaparición hacia el volcán Popocatepel, tal como había informado Carlos Antonio de los Santos.

 

 

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