M I B Los Hombres de Negro en Argentina |
Por Hector Antonio Picco (UFO TOP SECRET) Buenos Aires, Argentina, 1998
El 2 de enero de 1978 mientras viajaba desde Huinca Renancó (Córdoba) hacia la capital, tuve mi primer encuentro con los ahora popularizados MIB (Men IN Black u Hombres De Negro). Transcribo aquí un sector de la página 18 del libro de idéntico título al de este artículo que ha lanzado a los kioscos de diarios y revistas SKINWALKER en edición bilingüe (castellano - inglés) con gran repercución hasta el momento. El apellido Prestes fue el que utilicé durante años para referirme a esa fenomenología, por, creo, lógica prevención. Esto sucedió cuando el tren dejó atrás la estación de Junín (Bs. As.):
"Conviene aquí apuntar que Prestes, que siempre adquiría sus pasajes hasta Retiro, en esa oportunidad ha decidido apearse en una estación suburbana, pues ha comprobado que desde allí parte el colectivo que le deja en la esquina de su casa. Quizá esta variante que es la primera vez que aplica, le salve de situaciones más difíciles, como se deduce al final.
Volviendo a ese momento del viaje, se debe apuntar que era un día de calor insoportable. Muchos de los escasos pasajeros se había quitado sus camisas y estaban con el torso desnudo. Por eso el impacto que causan "ellos" cuando ingresan al vagón es tremendo: son dos y visten un terno como para soportar el más crudo de los inviernos. Del más grueso paño. Llevan corbatas más o menos al tono y anteojos para el Sol también oscuros. Se sientan en el mismo asiento, en un extremo del coche, a unos diez metros de donde está uestro protagonista. No hablan entre ellos, pero le miran directamente, como para que entienda bien que por él están ahí. Su tez es "moreno-amarronada", lisa brillosa, semejante a la de algunos individuos -especialmente mujeres- de raza gitana. Tienen ese aspecto tan particular de los oficinistas que nunca toman Sol. Uno de ambos, el de más baja estatura, lleva bigote recortado. Una media hora después, producen el primer movimiento.
EL ACORRALAMIENTO
Los Hombres de Negro mudan el asiento, sentándose ahora separados, uno a cada costado, avanzando tres o cuatro posiciones hacia donde está Prestes. Le miran fijamente, como para que no quepan dudas que le están buscando. Cada tanto también intercambian miradas entre ellos, no se podría decir si sobreentendidas o porque usan lenguaje de mente a mente. En el transcurso del viaje avanzan tres o cuatro asientos más hacia el escritor, en sucesivas mudanzas. A todo ello, nuestro hombre hace lo único que se le ocurre en una situación así: apela a sus fuertes convicciones certentes de Algo Superior, y reza. Le pide a Algo, que si ha llegado su último instante, al menos que su sacrificio tenga algún sentido. Y reza, reza. Faltando unos sesenta kilómetros para llegar, ocurre lo inesperado: los HDN inclinan la cabeza sobre el hombro... Y se quedan dormidos!
... Pero quien no se durmió fue H.A.P. Y, luego de 20 años está mi libro en los kioscos, donde relato además de cinco de mis ya seis experiencias con "ellos", muchos casos de otras personas que se atreven a hablar por primera vez.